Cartas de San Juan de la Cruz

Cartas de San Juan de la Cruz

Jerónimo de San José, historiador clásico de San Juan de la Cruz escribe de sus cartas: “Declárase en ellas más la claridad, espíritu y talento del que escribe…”

Se han perdido muchas más de las que se conservan, quemadas por él mismo y sus destinatarios por temor a las persecuciones que sufren los descalzos inicialmente y el mismo San Juan de la Cruz al final de su vida.

En ellas encontramos escritos que muestran su profunda vivencia religiosa. Extraemos esta muestra tan representativa de su enseñanza y autenticidad:

A LAS CARMELITAS DESCALZAS DE BEAS (JAEN) – Granada, 22 de Noviembre de 1587

“… El no haber escrito no ha sido falta de voluntad, porque de veras deseo su gran bien, sino parecerme que harto está ya escrito para obrar lo que importa; y que lo que falta, si algo falta, no es el escribir o el hablar, que esto antes ordinariamente sobra, sino el callar y obrar.  Porque demás de esto, el hablar distrae, y el callar y obrar recoge y da fuerza al espíritu. Y así, luego que la persona sabe lo que le han dicho para su aprovechamiento, ya no ha menester oír ni hablar más, sino obrarlo de veras con silencio y cuidado, en humildad y caridad y desprecio de sí; y no andar luego a buscar nuevas cosas, que no sirve sino de satisfacer el apetito de lo de fuera, y aún sin poderle satisfacer, y dejar el espíritu flaco y vacío sin virtud interior…”

De su encarcelamiento en Toledo surgen sus primeras genialidades poéticas. Y de sus momentos finales, tal vez más duros para él por la trama de sospechas, mentiras, aislamiento y traiciones que sufre, surge un bonito testimonio de la entereza con que sufre estas asperezas:

“…De lo que a mí toca, hija, no le dé pena, que ninguna a mí me da. De lo que la tengo muy grande es de que se eche culpa a quin nola tiene, porque estas cosas no las hacen los hombres sino Dios, que sabe lo que nos conviene y las ordena para nuestro bien. No peinse otra cosa, sino que todo lo ordena Dios;  y adonde no hay amor, ponga amor, y sacará amor”

“Ya sabe, hija, los trabajos que ahora se padecen. Dios lo permite para prueba de sus escogidos. En silencio y esperanza será nuestra fortaleza. Dios la guarde y la haga santa. Encomiéndeme a Dios.”

Nunca se sintió víctima ni permitió que así le vieran, pues era consciente de que Dios llevaba su fe, esperanza y amor a mayores alturas.

“La mayor necesidad que tenemos es del callar a este gran Dios con el espíritu y con la lengua cuyo lenguaje que él oye solo es el callado amor”

En las cartas de San Juan de la Cruz, podemos medir bien su sobriedad de vida y lenguaje, su rigor inflexible y su serenidad ante las dificultades.

San Juan de la Cruz – Espistolario PDF